Categoría: Ejemplos internacionales

Ejemplo internacional (X) en Dinamarca: Lyngvang

Hace unos días ilustrábamos la alternativa a la institucionalización de las personas mayores con una fotografía de una reunión de amigos alrededor de una barbacoa. Hoy viajamos a Dinamarca a conocer dónde viven esas personas:

A 13 km de Copenhague, conectada con ella por tren, se encuentra Kongens Lyngby, una ciudad de 10.000 habitantes donde muchos daneses tienen su segunda residencia. Allí hace pocos años se construyó el “Lyngvang Seniorbofællesskab” (diríamos en inglés “Lyngvang senior cohousing”): una comunidad con sentido, realizada como cooperativa en régimen de cesión de uso, modelo ya clásico danés para una vida independiente  en la ¿tercera? edad.

LyngvangSus promotores han decidido como primera norma para unirse a su grupo tener más de 50 años. ¿Una condición excluyente? Ya lo hemos comentado en otras ocasiones, si el número de viviendas no es muy grande esto no tiene por qué convertirse en “gueto” (la experiencia internacional aconseja una horquilla entre 15 y 30 viviendas). Con estos modelos no se pretende la “integración” de las personas mayores en la sociedad, sino una verdadera “inclusión”. Y la elección de compañeros de la misma edad (en todo caso “más de 50″ da muchas edades posibles…) es respetable, puesto que el objetivo es crear entornos donde las personas se encuentren a gusto con quien ellas decidan. También se pretende garantizar la continuidad de la actividad que desean desarrollar allí como comunidad. Eso sí, la opción ha de ir acompañada con una buena elección del lugar, que permita la interrelación con un entorno social más amplio. Y este es el caso.

Visto desde el aire, el complejo de 20 viviendas tiene una estructura que explica muy bien el modelo arquitectónico de “senior cohousing”. Ya hemos visto que pueden construirse como bloques de viviendas, rehabilitando espacios, en manzanas cerradas, con jardín más o menos amplio… En este caso la arquitectura explica bien la relación de los apartamentos (mundo privado) con la casa común (espacio de encuentro y relación con otros). Los espacios de estancia privativos “miran” hacia las zonas comunes. Si es posible, esta situación es importante porque anima a la vida comunitaria, clave en el proceso de envejecimiento. En todo caso, la decisión de “participar u organizar eventos [comunitarios] vendrá de la propia decisión o aptitud personal”.

Suele ser también habitual disponer de un espacio exterior propio de uso privado. La distribución más frecuente sitúa la entrada a cada vivienda desde el jardín común, a través del comedor-cocina, para avanzar en privacidad hacia los dormitorios y situar el espacio exterior privado al fondo, con la máxima intimidad. En este caso encontramos variantes: el bloque de 12 viviendas sitúa el espacio exterior privado hacia el jardín interior, y tanto a él como a las restantes viviendas se accede desde el exterior.

La zona común es sencilla: un gran salón multiusos (47m2) , un espacio de almacenaje, dos habitaciones de invitados, una cocina común y servicios. Una vez al mes se reúnen para hacer una comida comunal. Y es frecuente que por las noches organicen conciertos, conferencias, etc.

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El diseño es totalmente adaptado a personas con discapacidad. La gestión del complejo la ha realizado la Fundación OK.

Ejemplo internacional (IX): Oakcreek. “Diseñamos nuestros propios sueños”

La Comunidad Oakcreek, en Stillwater, Oklahoma, es un nuevo ejemplo de lo que en EEUU llaman “senior cohousing”, análogo a lo que nosotros llamamos “jubilar“; se desarrolló en poco más de 3 años y abrió sus puertas a finales de 2012. En este ejemplo queremos centrarnos en el proceso participativo de diseño, principal clave del desarrollo de iniciativas de tipo “cohousing”. Puesto que las decisiones son de la comunidad, el resto de agentes intervinientes (consultores, arquitectos…) no solo han de ser capaces de delegar en parte del proceso sino además lograr plasmar las intenciones de las personas que han de vivir allí. Para ello existen métodos, talleres de trabajo en los que los futuros residentes logran descubrir y explicarse a sí mismo sus propios objetivos y donde consensuarlos para que así sean válidos para toda la comunidad. El proyecto lo realizaron “con” (no “por”) los arquitectos McCammant & Durret.

Oakcreek_Group_2014.24144153_stdLas razones para vivir a un sitio como éste nuevamente fueron la necesidad de “continuar viviendo con calidad de vida”, “saludables, activos, (…) contribuyendo en la comunidad inmediata de mi nuevo emplazamiento así como en la comunidad en sentido más amplio”. Un miembro de la comunidad destaca la “independencia” cuya clave para conseguirla es la “interdependencia”. La posibilidad de vivir con quien quieres y como quieres, el apoyo de la comunidad que no solo aleja la soledad sino que permite un mayor desarrollo a nivel personal… lo explican con un grito: “¡Al fin libres!”

Costó 5 millones de dólares construirla. La casa común, que aprovechó un edificio preexistente en la parcela, tiene 325m2 y en ella se encuentran un cuarto de lavandería, habitaciones para invitados, un taller, una sala multimedia, zonas de estar, comedor, cocina, gimnasio y una oficina. Cada miembro de la comunidad posee 1/24 de esta casa común además de su vivienda adosada, con porche hacia las zonas comunes y otro hacia el patio privado. Todo es accesible a personas con discapacidad.

El método (todo proceso participativo siempre tiene un método, no lo olvidemos) comenzó con el taller GIB (Getting it Built), en noviembre de 2009. Allí los arquitectos explicaban el proceso completo. En mayo de 2010 comenzó el trabajo del taller de Planeamiento del Lugar. Fijaron los objetivos en cuanto a las intenciones de vida en comunidad. Ahora se trataba de traducir esos objetivos a componentes o partes del proyecto: “es fascinante ver nuestras propias ideas-sueños-visiones haciéndose realidad”.

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Un grupo de doce personas participó en el taller. Se dividió en dos grupos de 6 y cada uno realizó un proyecto. Luego se reunieron para criticar el proyecto del otro grupo. Seguidamente se rediseñó todo. Comentan: “Por supuesto dedicamos tiempo para comer y hacer compañerismo porque construir comunidad es extremadamente importante para contruir un barrio tipo cohousing”. Salieron a comprobar las decisiones sobre el lugar en la propia parcela, desde diferentes puntos de vista… Al final del cuarto día había ya un plano de emplazamiento.

Un mes más tarde (junio de 2010) se realizó el taller de diseño de las zonas comunes. Se establecieron nuevamente las metas a lograr respecto de las actividades a realizar en la casa común y el programa funcional de este espacio se estableció de forma consensuada desde unas primeras tormentas de ideas y mucho debate. El programa obtenido guió el proceso de diseño final.

Y al siguiente mes (julio de 2010), realizaron el taller de proyecto de las viviendas privadas. En este caso eligieron construir viviendas relativamente grandes, 4 tipos de entre 67 y 110 m2 (el precio, entre 151.000$ y 266.000$).

En octubre de 2012 comenzaron a vivir allí. Viven de forma independiente. Comen juntos 3 o 4 veces a la semana y realizan actividades comunes a diario. Margaret y Sidney lo cuentan así: “estamos emocionados con la buena mezcla de privacidad e interacción social (…) Lo mejor, pensamos, es que ¡esto no es un sueño!”

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Ejemplos Internacionales (VIII): Cohousing intergeneracional Muir Commons

Muir Common collageSituada en Davis, California, esta comunidad celebró recientemente su 20º cumpleaños. Fue el primer ejemplo de cohousing creado en Estados Unidos, al estilo de los daneses. Con la ayuda de McCamant & Durret, la comunidad diseñó de forma participativa sus 26 unidades en torno a una casa común.

El cohousing intergeneracional reproduce la vida de pequeño barrio o aldea de antaño en la que los vecinos ayudaban a hacer la mudanza, a cuidar a los niños del otro, a la jardinería y la limpieza de lo común… Vivir compartiendo “para ser más libre”. Eso lo entiende perfectamente el niño que puede moverse libremente por el complejo desde una edad muy temprana.

Si los ejemplos de “senior cohousing” (sean intergeneracionales o no) se orientan fundamentalmente hacia las personas mayores, los ejemplos de “cohousing” se vuelcan hacia los niños. Así Muir Commons tiene casi tantos niños y niñas como personas adultas (45 frente a 49). La rotación es parte de la vida de cualquier tipo de cohousing, y así después de 22 años de funcionamiento, en Muir Commons permanecen 5 familias de las 26 que lo iniciaron.

A diferencia de los modelos europeos, la administración estadounidense no ayudaba a la financiación de ninguna forma este tipo de iniciativas. Es por ello que para llevarlo a cabo, el grupo aceptó trabajar con un promotor o gestor que ya disponía del lugar para la construcción del complejo. Hasta que se mudaron allí solo tenían que pagar un 3% y una pequeña reserva. Esa ventaja en la financiación compensó algunas carencias del lugar, quizá demasiado pequeño para ellos. Trabajar con un promotor tiene más riesgos. En este caso esa empresa aceptó el proceso participativo de desarrollo del cohousing y asumió las decisiones del grupo (por cierto de forma consensuada), cosa que no es habitual.

Durante el proceso de diseño, los miembros de la comunidad llegaron rápidamente a acuerdos acerca de los conceptos generales (como los descritos anteriormente, o las relaciones espaciales entre funciones diversas: jardín, actividades de la casa común, etc.), más que con las decisiones más específicas de diseño. El programa (dependencias deseadas, su tamaño y relación entre ellas) se consensuó enseguida de forma muy clara, aunque resultaba abstracto sin imágenes arquitectónicas concretas. Se trata del método de diseño que Dorit Fromm llama “holandés”, frente al “danés” donde el equipo de arquitectos va mostrando al grupo más imágenes sobre las que debatir la arquitectura final.

Formalmente se trata de un ejemplo ilustrativo de una serie de principios de diseño válidos también para jubilares o senior cohousing no intergeneracionales:

- Entrada formal de bienvenida desde la casa común

- Entradas informales desde el anillo verde que rodea el complejo

- La casa común da hacia las zonas comunes interiores, donde la mayor parte de las actividades tienen lugar.

- Las fachadas públicas (de la casa común como de las unidades de vivienda) no están dominadas por coches ni zonas de servicio. El parking de visitantes se sitúa junto a la casa común, de esta forma se evita que no residentes tengan que atravesar la comunidad.

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Cada vivienda privada tiene una puerta hacia el espacio común y otra de acceso privado. Además, “siempre puedes cerrar la puerta”. Tanta comunidad como desees, tanta privacidad como desees. Esa es la gran clave del éxito.

Ejemplos Internacionales (VIII): Harbourside en Sooke, Canadá

El ejemplo que presentamos hoy puede ser inspirador a los múltiples grupos o personas que piensan en el cohousing como la oportunidad para la etapa de jubilación (tiempo de júbilo): Harbourside, a diferencia de los otros ejemplos internacionales que vamos mostrando en nuestro blog, es una comunidad que aún no se ha construido en su totalidad.

El método que eligieron los ocho “activos y enérgicos” amigos que constituyen el grupo embrionario se basó en el que más a menudo toman los senior cohousing de todo el mundo, el de Charles Durret, que ha reinterpretado el método Nielsen danés.

Prevén, como se dice en el vídeo, la construcción de treinta apartamentos de uso privativo y unas zonas comunes. La forma de tenencia, como es lógico, varía en cada país, pero el objetivo es siempre el mismo: garantía de privacidad y favorecimiento de la comunidad, así como solidaridad en las decisiones de grupo y búsqueda de continuidad en el uso a lo largo del tiempo. Los métodos participativos comienzan desde el momento en que se lanza la idea y continúan durante la vida en el cohousing.

El proyecto arquitectónico pone el énfasis en el disfrute del entorno natural, de forma que la organización de las viviendas, al contrario que como es habitual, no miran hacia la construcción de uso común sino hacia el paisaje, entendido también como espacio para la comunidad. El terreno era propiedad de uno de ellos. A pesar de ello barajaron otros emplazamientos hasta que finalmente se decantaron por éste. Esto es importante puesto que conocemos casos en que partir de un lugar concreto antes de constituir el grupo fue un pie forzado que dio al traste con la iniciativa. Recordamos el principio fundamental: “primero construimos la comunidad, luego el edificio”.

Para más información sobre su proyecto se puede ver su página web: http://www.harbourside.ca (en inglés)

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Desde hace tiempo imparten, en colaboración con la Royal Roads University, un curso “Envejecer bien en comunidad”, donde resaltan las “oportunidades, retos y dificultadas de envejecer en casa”, también las ventajas que la comunidad ofrece en comparación con otras alternativas.

En estos momentos se encuentran en una fase interesante: la de ampliar el grupo. Se trata de un momento en que los líderes de la iniciativa han de ser suficientemente generosos y abiertos como para transformar la idea inicial en pro de la comunidad. En su web, los 21 miembros del grupo en la actualidad se presentan ellos mismos y sus aspiraciones. Como solemos decir, no están vendiendo un edificio, están ofertando una “vecindad”.

Pero no lo han hecho solos: en Canadá cuentan con (y forman parte de) la “Canadian Senior Cohousing Society”, que aconseja, difunde el modelo y reúne las experiencias de las distintas iniciativas de cohousing del país (en poco tiempo una treintena) . Queremos destacar la labor de nuestra homóloga canadiense porque la asociación Jubilares, cuyos socios serán principalmente las cooperativas de senior cohousing en España centra su actividad principal en el asesoramiento y difusión de esta forma de vida. Si estáis interesados en ello animamos a contactar con nosotros. No estáis solos.

Ejemplos Internacionales (VII): Awichas bolivianas

awicha

“No quiero rejuvenecer, ya he sido niña y he corrido, he jugando como niña, ya he sido joven y he bailado, he enamorado, he gozado y sufrido mi juventud, he criado hijos y me han dado alegrías y penas, ahora quiero ser vieja, quiero gozar y sufrir mi vejez, eso es lo que correctamente me toca”.

Awicha en la lengua aymara quiere decir “abuela”, pero también se aplica, en sentido cariñoso, a las ancianas de la comunidad.

“Ser mujer, pobre, india y vieja en medio de la ciudad” es, según Mercedes Zerda y Javier Mendoza (ver La Comunidad Awicha en La Paz, Bolivia), equivalente a marginación social. Las awichas están sujetas a una múltiple discriminación y se sienten inútiles en la ciudad.

Las cuatro awichas que fundaron en 1985 la casa autogestionada del Pampahasi, en La Ciudad de El Alto (La Paz, Bolivia) buscaban ese hueco dentro de la ciudad. Querían una casa, tal y como cuenta en “Mi historia de la comunidad awicha de Pampajasi” Elena Apílanez, “en la que vivir y morir juntas”, compartiendo “escenas y momentos de la vida cotidiana”. Se guiaron por sus tradiciones y se organizaron de forma natural como ellas sabían: estableciendo turnos para dirigir la comunidad, en una aceptación de responsabilidades casi ritual. Para el sistema de servicios colectivos así creado se contó desde el principio con las mujeres mayores en una primera propuesta intergeneracional.

Hay que decir que la casa comunal de Pampahasi tuvo un apoyo externo clave, la de la organización Helpage International, así como de la sueca Svalorna. Ellas ayudaron a que del primer grupo embrionario (14) se pasara a 40 habitantes de una gran casa en torno a un patio central.

La estructura socio-territorial y económica de la comunidad aymara es la del tradicional “ayllu”, donde el territorio es propiedad común y los preceptos fundamentales la autogestión y la autodeterminación. Las relaciones humanas, dentro y fuera del ayllu se basa en los principios de reciprocidad (ayni) -como sustento básico de las relaciones humanas y postulado lingüístico por medio del cual emana la preocupación por la persona con la que se interactúa- y de intercambio (mink´a) basado en el servicio comunitario que las personas y familias prestan a favor tanto de otras familias. La filosofía aymara también asume un principio de complementariedad, el que da lugar a la creencia de que ningún se existe por sí mismo sino teniendo un complemento.

Las awichas deciden de forma consensuada, las tareas se reparten equitativamente, se organizan comisiones de trabajo y semanalmente evalúan los resultados. Es la propia comunidad la que decide quién pasa a formar parte de la misma. Los primeros años solo estaba formada por mujeres, posteriormente se incorporando los hombres ancianos (achachilas). Hoy exigen tener más de sesenta años y encontrarse en una situación socioeconómica que no les permita otros apoyos familiares. El usufructo de la habitación asignada a cada persona es vitalicio, y a su muerte no es heredable, sino que pasa de nuevo a la comunidad awicha, quien asigna un nuevo morador.

Las casas comunales incluyen zonas de cría de animales, comedores comunitarios (que sirven también a personas externas a la comunidad) y áreas de trabajo artesanal que sirve a la generación de ingresos propios.

El crecimiento de la comunidad, que hoy supera la centena, pasó por una decisión que Jubilares también comparte: el número de las comunidades no puede ser tan grande como para que la estructura de autogestión se malogre: así en 2005, cuando se rodó el vídeo, ya se habían formado 5 casas dentro de la estructura de Pampahasi. Y años más tarde ya existen seis grupos urbanos y otros siete rurales, relacionados también entre sí en esa red intergrupal que también es clave en nuestro modelo de jubilares.

En este vídeo los miembros de la comunidad awicha de Pampahasi hablan de sus preocupaciones y esperanzas y explican cuál es el objetivo de su organización que, según sus palabras, es facilitar un envejecimiento saludable integral en el marco de la autonomía y respeto a sus tradiciones.

El ejemplo nos parece interesante porque una vez más demuestra la fuerza de la comunidad de personas frente a una sociedad que individualmente las excluye. Porque obervamos que la necesidad de vivir con y como uno elige libremente es universal y profundamente humana. Porque acredita, como en muchos otros casos de cohousing,  que la autogestión es posible aún en los casos en que las condiciones son desfavorables.

Los valores que transmiten este pequeño grupo de personas son muchos: se han convertido en referente al respeto al mayor (propio de su propia cultura aymara), en reivindicación de la ancianidad como parte de la vida. Dice María:

“En la radio han dicho: ‘Aunque el cuerpo esté anciano, siempre hay que tener el espíritu joven’. No entiendo eso, ¿acaso es malo tener un espíritu anciano como nuestro cuerpo?”

Piensan que tienen una labor importante que hacer: sienten la responsabilidad de fomentar y transmitir una cultura (ej. música y danza nativas). La comunidad awicha es hoy una importante impulsora de un movimiento que reivindica los derechos de las personas mayores, en Bolivia y en el mundo. Ha sido referente de políticas y programas de protección de los mayores. Es miembro de la Red Defensa del Anciano, pertenece a la Red  del Consejo de Venerables Ancianos de la Paz, la Asociación Nacional del Adulto Mayor y la Red “Tiempos” de Latinoamérica y el Caribe.

Ejemplos Internacionales VI: Casa comunal para mujeres en Dortmund

dortmund-hofTras la ponencia de Miguel Ángel Mira, presidente de Jubilares, este martes en las II Jornadas Internacionales sobre Atención a la Dependencia “Innovaciones para vivir en casa bien” una participante preguntó si no pueden convertirse los jubilares o “senior cohousing” en guetos de personas mayores. La respuesta es rotundamente negativa si se cumplen varias condiciones:

- El número de viviendas o participantes no es excesivo. Para un cohousing de mayores hablamos de 15-30 unidades (unas 20-45 personas de media)

- La situación del complejo facilita la inclusión en la escala más amplia de la comunidad: barrio, municipio

- La actitud de los integrantes del jubilar es de apertura al barrio o la ciudad. Y eso suele ser así.

Hoy aprovechamos la cuestión planteada y mostramos un ejemplo extremo en lo que se refiere al perfil de los vecinos que se propusieron construir su comunidad: se trata de un cohousing intergeneracional sólo para mujeres, y no solo eso, sino pertenecientes al movimiento “beguinage”, que recupera un cierto estilo triunfante en el medievo en el que las mujeres se unían para lograr el soporte entre ellas que les permitía salir adelante con más fuerza. La Beginenhof Dortmund es uno de los más de treinta proyectos residenciales que se han constituido en Alemania para este tipo de comunidades desde hace veinte años. Una de las claves es la “afinidad electiva” como el elemento consitutivo de la sociedad y el soporte mutuo y solidaridad entre mujeres. En todo caso el concepto de beguinage se ha ido transformando por las residentes en los últimos años. Se encuentra abierto a mujeres de todas las nacionalidades y edades.

Planta apartamento Beguinenhof DortmundEn los 28 apartamentos que constituyen la comunidad conviven 31 mujeres y 2 niños. Las unidades privativas tienen entre 47-76m2 y hay un área común de 150m2. El complejo se ocupó hace ocho años. En el centro se ha abierto una consulta de fisioterapia abierta al barrio.

La financiación del edificio ha venido de diversos programas: “Nuevas formas de hábitat para las personas mayores”, “Colaboración y transgeneracionalidad” del Ministerio de Familia, Juventud, Mujer y Salud del gobierno alemán, Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda, Cultura y Deportes de Renania del Norte… Sólo 4 de los 28 apartamentos fue financiado de forma privada.

dashausEl diseño del proyecto, realizado por la arquitecta Hiltrud Enders, está basado en las ideas y deseos de las miembros del grupo. Consiste en tres volúmenes agrupados alrededor de un patio ajardinado. Una sala de 45m2 ofrece el espacio adecuado para los encuentros planeados o fortuitos, fiestas o eventos culturales. El jardín de 1400m2 se encuentra en el lado oeste. La planificación de la comunidad Beguine Dortmund fue galardonado con el sello Agenda-Siegel 2004 de la ciudad de Dortmund.

El edificio se encuentra en un área residencial (Nordstadt) con una “especial necesidad de renovación”. El establecimiento de esta comunidad ha servido en este sentido, gracias al encuentro entre las mujeres del complejo y sus vecinos. Para las fundadoras, el complejo es un símbolo de buena vecindad y vida comunal con ambiciones sociales y ambientales. La red de relaciones y el soporte mutuo permite a las mujeres vivir independientemente hasta edades avanzadas, tanto como es posible. Aunque una vez más, y a diferencia de los jubilares, no se ha previsto ningún sistema de asistencia a la dependencia.

Beginenhof Dortmund¿Un gueto, en este caso, de mujeres? Creemos que elegir con quién vivir no presupone que aquello se vaya a convertir en algo sectario. Es tan solo una decisión personal que merece nuestro respeto. Tenemos el derecho de elgir con quién compartir nuestra vida en cada momento de ella. El peligro podría estar en encerrarnos en nuestra pequeña comunidad, y eso también puede ocurrir si sólo nos relacionamos con la gente de nuestro trabajo, o nos encerramos en una relación de pareja…

El modelo de cohousing, al contrario, facilita las situaciones de empatía entre personas distintas que seguramente comparten algunas características. Y eso da herramientas para convivir incluidos en la sociedad.

Diseño de “viviendas para toda la vida”: exterior y límites

Hofje van Staats - HaarlemEntre los Ejemplos Internacionales que vamos publicando, de comunidades tipo senior cohousing o cooperativas de mayores, aunque nos sirven para ilustrar, aunque sea de forma aproximativa, lo que es un “jubilar“, a menudo encontramos carencias que desde nuestro punto de vista resultan llamativas.

Las “viviendas para todos“, las “viviendas para toda la vida“, dejan de serlo en muchos casos por la existencia de escalones, por el confuso diseño para personas con dependencia cognitiva, etc. Muchas de aquellas experiencias contaban con “irse finalmente a una residencia”. Creemos que es una pena, sobre todo porque en una buena parte de los casos esto se podría evitar.

Nuestro consejo es prever la dependencia, sin que ésta obligue a diseños “hospitalarios” u “hoteleros”. No es necesario. Se trata de que la arquitectura hogareña sea adaptada… y adaptable. Como cuando una pareja compra un coche grande previendo que podría tener hijos, pero no incluye la sillita ni elige un autobús.

Además en la mayoría de los casos el “diseño para siempre” no es más caro. La arquitectura bien pensada puede ser incluso más económica.

En este y próximos artículos iremos publicando claves de diseño para lograr viviendas para toda la vida. Servirán al lego para reflexionar sobre la arquitectura que vemos a nuestro alrededor e ir formando pensamiento crítico. Esperamos que sirvan asimismo de ayuda a los arquitectos y empresas relacionadas con el mundo de la gerontología, y más específicamente con el del “senior cohousing” o “jubilar”.

En este texto de Victor Regnier, Profesor de Arquitectura y Gerontología de la Southern California University, incluido en el libro “Innovaciones en residencias para personas en situación de dependencia”, se aportan al menos 60 claves de diseño para viviendas asistidas para personas mayores con necesidad de cuidados por fragilidad o dependencia cognitiva o física. Destacamos en las siguientes líneas algunas de estas características, las aplicadas a la ubicación del conjunto y su diseño exterior, son buenas ideas que si no son necesarias en todos los casos, sí recomendamos para el diseño exitoso de un jubilar:

- Relación con el vecindario: inclusión en una zona residencial e integración con el paisaje existente

- Instalaciones abiertas a la comunidad más amplia del barrio o el municipio, más allá de los límites de la cooperativa. Ej. aula para dar clases, comedor abierto al vecindario.

- Patios con elementos paisajísticos, bien proporcionados y protegidos. Sirven para múltiples actividades, pero además pueden ser el único espacio exterior para residentes con pérdida de memoria. Se puede contar con el agua, también con fauna (ej. acuática, pero también pájaros u otros animales domésticos).

- Espacios intermedios entre interior y exterior. Porches cubiertos o acristalados. La situación de espacio protegido en el límite del edificio da seguridad a muchas personas personas, especialmente las que padecen demencia.

Porche acristalado- En relación con lo anterior, parece bueno disponer e algún espacio luminoso y cerrado, con vegetación, para los días de invierno y/o en lugares fríos.

- “El sitio de la barbacoa“. No necesariamente para este uso, se trata de un lugar exterior con buena capacidad, para “alojar una serie de actividades que incluyan comer, bailar, escuchar música, etc.” Con “buen control del sol y del viento“. Conviene que se diseñe en extensión de otro espacio interior, como sala de estar o comedor.

- Sombras. Pérgolas, toldos y parasoles para controlar el sol. También “es importante mitigar el deslumbramiento”.

- Espacios de paseo en forma de bucle (especialmente recomendados para personas con demencia), con espacios para sentarse y relajarse cada cierto tiempo. Se trata de evitar esos peligrosos espacios de confusión.

- Espacio para el uso infantil. De cara al empleo de familiares, o personas del barrio, etc.

Como siempre, el objetivo es la mayor autonomía hasta el final. La mayor parte de las personas mayores no pasarán siquiera por una etapa de dependencia; pero contar con ello es más que razonable para garantizar una vida digna para todos.

Ejemplos Internacionales (V). Cooperativa Pestalozzi en Basilea

Pestalozzi Housing Cooperative - foto interiorPublicamos un nuevo ejemplo de comunidad autogestionada para y por personas mayores.

Dicen en su propia página web: “Vivir en la tercera etapa de la vida – La autodeterminación en la vejez”. En eso pensaban un pequeño grupo de mujeres cuando en 1995 decidieron que querían vivir juntas durante su etapa de mayores. La asociación Wohnstadt cooperative housing, en Basilea (un equivalente a nuestra Asociación Jubilares) les ayudó a encontrar personas afines para establecer su propia cooperativa.

Encontraron un solar de 4.000m2  en Muttenz, un barrio de Basilea, con comercios, restaurantes, una estación de autobuses. El estudio de arquitectura Muller+Naegelin proyectó un edificio según el deseo de los participantes. Éste se basaba en la idea de “autodeterminación” en la terecera fase de la vida, bajo el eslogan “neither alone nor in a home”: algo así como “ni quedarse solo, ni todos juntos en una sola casa”. Expresa bien ese equilibrio tan necesario entre privacidad y comunidad que siempre recomendamos desde Jubilares.

Pestalozzi Housing Cooperative - planta aptoLa estructura del conjunto es la de dos bloques paralelos unidos por una gran terraza. Cada uno de los bloques dispone de 12 apartamentos (de 2 a 4 piezas cada uno). La diposición de los espacios es paradigmática: a todos los apartamentos se accede desde el espacio exterior común. A este vuelcan las vistas desde el estar-cocina. Las habitaciones y la terraza privada tienen vistas hacia el exterior del complejo.

En los 24 apartamentos viven,  desde 2002,  20 mujeres y 12 hombres, con una edad media de 78 años (datos de 2008).  Las zonas comunes incluyen un gran salón, biblioteca, cuarto de juegos y varios talleres.

Dos de los residentes gestionan la lista de espera de la comunidad. Es la cooperativa, sin embargo, la que finalmente determina quién es admitido como nuevo miembro.

La asistencia necesaria proviene del apoyo y cuidado mutuo, así como de los servicios de asistencia a domicilio públicos. Según una de las fuentes consultadas, la vida en comunidad funciona muy bien y existe una “equilibrada relación entre lo privado y lo comunal, que puede ser atribuido tanto al exitoso diseño arquitectónico como a la propia composición de los residentes”.

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Es de destacar la labor de la asociación Wohnstadt, que sirve a una vasta área de Suiza. Entre otras cosas les ayuda a encontrar a esas personas con quien compartir su objetivo de vida en comunidad. También ofrece sus servicios para ayudar a la gestión de la cooperativa. En su página web se pueden encontrar las plazas disponibles en los distintos grupos residenciales existentes (tanto en alquiler como en venta), no solo para mayores.

Ejemplos Internacionales (IV). Rehabilitación: Solinsieme en Saint Gall (Suiza)

Publicamos otro ejemplo de rehabilitación de edificio, esta vez en Suiza (Saint Gall). La iniciativa de cuatro entusiastas mujeres, junto a la labor de un par de arquitectos comprometidos con el proyecto, lograron dar con la fórmula económica y jurídica, y el modelo arquitectónico para lograr su objetivo: combinar vida individual con cohabitación comunitaria. Este fue el principio que hizo que la iniciativa Wohnfabrik Solinsieme recibiera el premio bianual Age Award 2007, cuyo tema fue “residencias comunitarias como modelo de vida”. También para incluirlo en el panel HAPPI (Housing our Ageing Population: Panel for Innovation) en 2009.

El centro residencial Solinsieme consta de 17 unidades (apartamentos de uso privado) y unas zonas comunes (propiedad de la cooperativa). El edificio se construyó rehabilitando una fábrica de finales del s.XIX a la que se añadieron otros espacios adyacentes. Presentamos este ejemplo, no carente de algunas deficiencias (la más importante, referente a la accesibilidad para personas con algún tipo de discapacidad), como modelo de alternativa residencial para mayores, basado en la vida en comunidad.

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Verena Bruderer y otras tres mujeres por encima de los ciuncuenta llevaban años discutiendo cómo programar la segunda mitad de sus vidas. Como profesionales de éxito habían vivido previamente en apartamentos relativamente grandes con sus familias, y ahora solas, mantenían esas casas al principio de esa segunda mitad de la vida.Querían quitarse de encima lastre y reducir el esfuerzo requerido para el trabajo en casa. La perspectiva de vivir solas en una casa grande no era atractiva para ellas. La casualidad llevó a las cuatro mujeres juntas a los arquitectos Bruno Dürr y Armin Oswald del estudio Archplan en Saint Gall. Comenzaron a buscar formas residenciales alternativas que sirvieran tanto para sus deseos individuales como su vida comunitaria.

Las cuatro amigas imaginaron un modelo residencial el que que no estuvieran solas sino en una casa compartida. Pensaban reducir los electrodomésticos individuales a favor de infraestructuras compartidas que les permitiera vivir juntas sin afectar a su libertad individual. Las capacidades, talentos y preferencias individuales podían beneficiar al grupo, haciendo posible ayudarse mutuamente y crear un modelo de vivienda que, derivando de una forma familiar de cohabitación, no dependiera de las tradicionales ataduras. Era importante buscar un entorno adecuado para no quedarse aisladas en la ciudad.

La historia de la creación de Solinsieme es interesante y cargado de lecciones. Hemos tomado el relato del libro “New Approaches to Housing for the Second Life”, de Andreas Huber y otros, para describirlo. Se puede continuar leyendo aquí.

Ejemplos Internacionales (III). Northcrest. Lección de arquitectura

Northcrest2

El complejo residencial Northcrest se construyó en Ames (Iowa) hace casi 50 años. La iniciativa partió de un grupo de personas que se organizaron a través de una fundación sin ánimo de lucro. Es ella la que dirige el centro desde entonces, y la que provee además de las unidades de vivienda independientes, servicios de ocio y cuidados médicos completos.

Northcrest Retirement Community Ames

Postal de Northcrest, recogida en carcow.com

El éxito de la arquitectura de este lugar es el de la disposición en racimo de los apartamentos y los luminosos pasillos de conexión entre espacios, lo que su arquitecto Engelbrecht llamaba “la arquitectura  de la conexión”. Esos corredores actúan como calles de barrio, donde se logran oportunidades de encuentros informales. En una revista de 1963 se destaca el éxito de estos arquitectos que lograron su meta de crear espacios “desinsitucionalizados” mediante una “compresión de las circulaciones y unas imaginativas distribuciones en racimo”.

Northcrest fachadasplanta general

Ciertamente su arquitectura nos resulta atractiva. Las fachadas de madera, esa variedad de formas que sugiere más el ambiente de una aldea tradicional que el de una urbanización con una seriación de casas idénticas…

La primera fase (en el plano, A,B, C y D) constaba de 4 grupos de 6 viviendas y unas zonas comunes. El tamaño es similar al que proponemos para un jubilar (entre 15 y 30 viviendas). El esquema, sin embargo, es distinto al habitual de cohousing: en lugar de rodear a las zonas comunes, mirando hacia la comunidad, las unidades de vivienda miran hacia fuera. Ese sentido de preservar la intimidad en Northcrest pasa también por incluir un patio individual para cada apartamento.

planta primer racimo

El plan diseñado entonces preveía, como así sucedió después, la creación de otros grupos de vivienda individual (1), junto al centro comunitario (4) una torre para dependientes (3), que hoy está destinada a enfermos de Alzheimer, y otros espacios exteriores. El resultado medio siglo después, por lo que vemos es su web, parece menos interesante. Nosotros nos quedamos con esa sensibilidad del que diseñó esos espacios por los que parece que uno no se cansaría nunca de pasear en compañía de un amigo o de jugar al billar.

Distrib6aptossala billar